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Privacidad por diseño: lo que aprendí construyendo una app para niños
Septiembre 2026
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Privacidad por diseño: lo que aprendí construyendo una app para niños

Cuando construyes algo para niños, la privacidad deja de ser un apartado de la política de cookies y pasa a ser una decisión de diseño en cada pantalla. En 2026 construí AventuMates, una web de matemáticas de Primaria con mecánicas de juego, y las decisiones que tuve que tomar sirven para cualquier negocio que guarde datos de sus clientes. Esto es lo que aprendí, con lo que funcionó y con lo que estuvo roto sin que yo lo supiera.

Pedir lo mínimo es una decisión, no un eslogan

El menor nunca crea una cuenta ni escribe su correo. Juega con un alias bajo la cuenta de un adulto, que es quien da el consentimiento y quien ve el progreso. De cada niño se guarda un alias y su curso. Sin foto, sin geolocalización, sin fecha de nacimiento exacta.

La tentación de pedir más es constante: «¿y si algún día queremos felicitarle por su cumpleaños?». Cada dato que no pides es un dato que no puedes perder, que no tienes que proteger y que no tienes que explicar en la política de privacidad. Para tu negocio: revisa tus formularios. Cada campo tiene que justificar para qué se usa hoy, no para qué podría usarse.

El consentimiento tiene que poder demostrarse

Cada perfil de menor se crea con un consentimiento parental que queda registrado con fecha y con la versión del texto que se aceptó. Si mañana cambio el texto, sé quién aceptó cuál. Parece burocracia; es lo único que te salva cuando alguien pregunta «¿yo cuándo acepté esto?».

Para tu negocio: una casilla marcada no es un consentimiento si no guardas cuándo se marcó y qué decía el texto en ese momento.

El botón de borrar tiene que funcionar de verdad

Esta es la lección incómoda. La función de eliminar la cuenta existía, estaba programada y probada. Pero nadie la había enlazado desde ninguna pantalla: un usuario no tenía forma de llegar a ella. Estaba «hecha» y no se podía usar. Hoy, desde el panel del adulto se puede descargar una copia de los datos del niño y borrar la cuenta entera, y hay una prueba automática que comprueba que ese camino sigue existiendo.

Para tu negocio: «tenemos un procedimiento de borrado» no vale. Pide a alguien de fuera que intente borrar su cuenta o sus datos desde tu web, sin ayuda, y mira lo que pasa.

Cero terceros: la privacidad también es técnica

La web no carga nada de otros dominios. Las tipografías y las librerías están alojadas en el propio servidor, no hay analítica de terceros y no hay anuncios. Y el navegador tiene orden de no conectar con ningún sitio ajeno: aunque alguien consiguiera colar un script, no podría sacar datos fuera.

Eso permite escribir en la política de privacidad algo que casi ninguna web puede escribir: no hay transferencias de datos fuera de la Unión Europea. Para tu negocio: cada script de terceros que añades a tu web es un tercero que ve a tus usuarios. Fuentes de Google, vídeos incrustados, chats, botones de compartir. Algunos los necesitas; la mayoría no.

Medir sin vigilar

Quería saber cuántos niños terminan un reto, no quién es cada niño. Toda la medición de uso se hace con datos agregados y sin identificadores personales. Y en mi propia web de negocio he hecho algo parecido con el banner de cookies: en vez de deducir cuánta gente acepta a partir de otras cifras, el servidor cuenta cada decisión sin guardar ni la IP ni el navegador. Sé la tasa de aceptación real y no sé nada de nadie.

Para tu negocio: casi todas las preguntas que te haces sobre tu web se responden con datos agregados. Antes de instalar una herramienta que rastrea personas, pregúntate qué decisión vas a tomar con esa información.

La privacidad se nota en el producto

Hay decisiones que no aparecen en ninguna ley y que son de privacidad: la clasificación es anónima y solo se sube, para que ningún niño vea su nombre el último. La zona de familias tiene doble llave, la sesión y una clave de adulto, para que el peque no entre ni queriendo. Y las monedas del juego se ganan jugando; nunca entra dinero real ni hay compras dentro de la app.

Nada de esto es gratis. Cada una de estas decisiones costó horas, y algunas costaron funcionalidades que otras apps sí tienen. Pero el resultado es una app que una familia puede usar sin leer la letra pequeña, y eso vale más que cualquier funcionalidad.

Lo que puedes hacer esta semana

  1. Quita de tus formularios los campos que no usas hoy.
  2. Comprueba que tu consentimiento guarda fecha y versión del texto.
  3. Intenta borrar tu propia cuenta desde tu web, como un cliente.
  4. Lista los dominios de terceros que carga tu web y tacha los que no necesitas.

Si quieres que revise cómo trata datos tu web o tu aplicación, cuéntame tu caso. Una revisión de este tipo son unas pocas horas y trabajo por horas, con estimación por escrito antes de empezar.

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